Las puritas como virtud de expresión manifiestan diversos vicios, los que se manifiestan en las palabras individuales son el barbarismo y el arcaísmo; y en los grupos de palabras el solecismo. Mientras el “barbarismo es el vicio por defecto, el arcaísmo, por exceso” [1]. Dentro de la “tradición retórica, gramática y estilística se denominaron barbarismos: (i) las palabras mal formadas según las reglas morfológicas y fonológicas de una lengua determinada; (ii) los extranjerismos, es decir, los préstamos léxicos de las lenguas extranjeras, (iii) los dialectismos, o vocablos pertenecientes a uno de los dialectos hablados dentro del territorio de una lengua nacional y del mismo origen que ella; (iv) los neologismos o palabras nuevas. Hoy, el término ‘barbarismo’ (o barbarolexis) es peyorativo y está limitado al grupo” [2]. El arcaísmo se refiere a las “palabras poco comunes y fuera de uso” [3], o sea, a palabras que resultan anticuadas en relación con las circunstancias.

En cuanto al vicio que se manifiesta en grupos de palabras se encuentra el solecismo, que se caracteriza por “errores morfológicos (de formación de palabras, de flexión, es decir, de la declinación de los nombres y de la conjugación de los verbos, de las concordancias, etc.) y sintácticos”[4]. Cabe señalar, que los solecismos sintácticos “por adición, supresión, permutación y sustitución eran usos incorrectos de los mecanismos que, en el dominio del ornatus, producían las figuras gramaticales correspondientes, así como otras figuras de dicción y de pensamiento”[5].

Extracto del texto Original: Retórica y Comunicación Estratégica

Autor: Christian Schaefer




[1] Op. Cit. 134.
[2] Ídem.
[3] Op. Cit. 135.
[4] Op. Cit. 135 y 136.
[5] Bice Mortara Garavelli, Manual de Retórica, Cátedra, Madrid, año 1991, Pág. 136.